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Una de las grandes apariciones del vóleibol sureño

El apellido Ravagnan está emparentado con el fútbol, Leandro, por ejemplo, fue goleador en el Sportivo Balloffet y en el Deportivo Malargüe.

Sin embargo la protagonista de esta nota es Camila, su hija, que con apenas 14 años de edad es uno de los grandes proyectos del vóleibol sureño.

Comenzó a “pelotear” a los 9 y un año más tarde empezó a jugar.

“Mi papá  quería que practicáramos algún deporte por eso nos llevó a mí y a mi hermana a probar si nos gustaba el vóley”, recordó Camila.

Con 10 años integró la preselección mendocina, ese sin dudas fue el comienzo de una carrera vertiginosa.

A mediados de 2017 recibió la invitación para jugar en La Consulta y tras aceptar el ofrecimiento actuó para el elenco del Valle de Uco.

El año siguiente, con otros objetivos en mente, decidió pasar a San Martín de Porres donde juega actualmente.

Momento soñado

Hace quince días Ravagnan debutó en un partido oficial válido por el torneo “Clausura” mendocino de primera división femenina.

“Fue un momento de mucha alegría, no lo podía creer. Encima cuando me tocó entrar fui al saque. El nivel  y la velocidad de juego son totalmente distintos a las otras categorías. Una experiencia muy linda”.

La temporada pasada fue muy intensa ya que jugó en Sub 13 y en Sub 15. Este año integra equipos de Sub 15 y Sub 17.

Si bien su lugar en la cancha es de punta-receptora la altura (1m.60cm) no la ayuda demasiado para cumplir esa tarea: “Me la rebusco y salto lo que más puedo” afirmó y agregó “Me gusta la recepción y la defensa por eso aspiro a ser líbero en algún momento” (este año en el Nacional Sub 15, actuó en esa posición).

 

Dos eventos Top

El año pasado Camila junto a su equipo compitió en dos Ligas Nacionales de Menores, la competición más importante del país donde solamente participan los mejores equipos de casa región.

Ella defendiendo los colores de San Martín de Porres jugó en Sub 13 y en Sub 15.

Vive en Malargüe donde además va la escuela y entrena en el Deportivo Malargüe.

Los fines de semana, según el fixture, a veces juega con el equipo xeneize la Liga sureña y en otras ocasiones viste la casaca capitalina.

Son cinco horas de viaje que realiza al menos dos veces al mes. Cabe destacar que si bien recibe una beca del municipio malargüino, todos los gastos los afronta ella.

“Aprecio mucho el apoyo de mis padres y de mi familia. Siempre me acompañan a todas partes y estoy muy agradecida por eso”.

Además agradeció a la Escuela de Vóley del Deportivo Malargüe, lugar donde se inició y entrena actualmente.

Mientras sueña con ser una jugadora profesional, entrena y trata de mejorar día a día.

“Amo el vóley y me encanta jugarlo”, sería quizás su frase de cabecera.

Una jugadora con un presente que invita a soñar y un futuro que no tiene techo.

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