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Un relator que marcó una época

Con una puntualidad inglesa llegó al café donde acordamos la entrevista y comenzó una charla deliciosa e imperdible.

Sus inicios

“El 15 de octubre de 1976 me paré por primera vez delante de un micrófono”, recordó.

Fue en el programa de LV4 que por aquel entonces conducía Enrique Lara junto a Andrés Guardia, Pedro Domínguez (se encargaba de los resultados de la Liga Independiente del Norte), “y otro muchacho que lamentablemente nunca me acuerdo su nombre”.

“Esa primera época fue muy importante, me marcó a fuego”, confesó.

¿Cómo surgió su llegada a la radio?

“En la época del colegio secundario tenía amigos, de esos que no tenés más de los dedos de una mano si es que te alcanza, en este caso Carmelino José Bellomo. Estudiamos juntos Veterinaria, yo deje y él se fue a terminar la carrera a La Plata. Cuando venía a San Rafael iba a Lv4 y hacía turnos de fin de semana para ganarse unos pesos. Un día su jefe, Edmundo Homan, les comentó que estaba buscando un relator y Bellomo irreverente como era le dijo: Yo tengo uno”.

Cabe destacar que ese momento los relatores en toda la historia de San Rafael, desde 1938, habían sido: Emilio Bielli, Arnoldo Avena y César Robles.

“Edmundo lo miró sorprendido y dijo cómo que tienen un relator, bueno díganle que me venga a ver. La cuestión es que cayeron a mi casa un mediodía, no me olvido más (en aquellos tiempos a Roberto le decían Curro), che curro tenés que ir a la radio para hablar con Edmundo Homan porque necesitan un relator. ¿Y yo que tengo que ver? Es que vas a ser el relator en Lv4”.

Esos primeros relatos

“En la época del secundario en los ratos de ocio que eran más o menos el 99%, Carmelino tenía un grabador italiano (Geloso) ese con dos carretes cinta abierta. Entonces hacíamos todo tipo de cosas, cantábamos, transmitíamos partidos de futbol, hacíamos comerciales y para él ese era motivo suficiente como para haberme proyectado”.

Finalmente y para no dejar mal a su amigo, Roberto fue a ver a Homan. La charla fue bastante breve, es más, solo hubo una propuesta para realizar una prueba. Relatar un partido con fines solidarios que se jugaría en cancha de Huracán.

Ese día llegó y grabador Philips Súper Bocho mediante, Roberto realizó su primer relato sin embargo la cosa no terminaría del todo bien.

“Cuando estaba haciendo la prueba, me acerqué  al vidrio de la cabina porque no veía bien y observé  que un tipo que estaba en la platea me miraba y se reía. Me dio una vergüenza tan grande que no volví más a la radio”.

Un día cerca de fin de año Roberto se encontró con Don Edmundo que le dijo: “A lo mejor por la estación de su vida el tren va a pasar una sola vez, si usted quiere volver a Lv4 lo estamos esperando con los brazos abiertos, piénselo”.

“La verdad que esa frase así dicha en ese momento y ese contexto fue determinante así que volví”, puntualizó.

En 1979 Arnoldo Avena le propuso trabajar junto a él y allí comenzó otra etapa que duró 25 años.

Un gran equipo que integraron: Sergio González Ramos, Antonio Martínez, Héctor Vélez, Pedro Gerardi, Carlitos Alcaya, Horacio Martínez, Walter Aquindo, Diego Martín y Eduardo Cabrera, entre otros.

“Hoy cualquier cosa que haga, por mínima que sea, le pongo el alma, eso lo aprendí de Arnoldo y de mis compañeros”.

Escribió para Clarín

En 1981 Roberto Bravo fue corresponsal en San Rafael de diario Clarín más precisamente del suplemente Clarín Deportivo.

Realizó la cobertura de todos los partidos de Huracán, cuando jugaba de local, en el Nacional de ese año incluso alguno que jugó en Mendoza.

“Durante dos años César Robles nos hacía escribir los comentarios de los partidos que veíamos. Fui el primero en quejarme sobre todo porque yo relataba pero me pidió que lo escribiera igual. La corrección que hacía no era una cuestión meramente gramatical, hasta sugería conceptos. Ese aprendizaje me sirvió para poder escribir para Clarín”.

Desde muy niño siempre fue apasionado por el fútbol a tal punto que protagonizó algunas travesuras, una de ellas desopilante.

“Antes de empezar a trabajar iba a la cancha como un pibe más, colándome si podía, saltando paredes y/o caminando entre viñas en los distritos. Eran otros tiempos, hoy un chico tiene acceso a muchas cosas, los chicos de promediando los 60 (años de edad) no teníamos tantas posibilidades. Querías ir a bailar con una piba a la noche y no te daba nada más que para eso, si querías comprar El Gráfico o si ibas a la cancha te quedabas sin lo otro. Siempre andaba con un primo hermano y habíamos agarrado la mano tan bien a colarnos en las canchas que no pagábamos nunca”.

“Fuimos por primera vez a la vieja cancha de Goudge. Dimos una vuelta por el frente pero estaba lleno de gente. Pasamos por el sector este pero había policía y por el sur también mucha gente. Pero cuando llegamos al sector oeste no había nadie y una pared bajita, encima nosotros no andábamos con muchas vueltas. Pegué un saltito, puse una mano en la pared, me tiré para el otro lado y cuando caí sentí un silbato, había caído adentro de la cancha. En ese tiempo la cancha no tenía tejido de alambre en ese sector  y estaba jugando la reserva por eso el árbitro al verme había parado el partido. Tan pronto como caí y sentí que el árbitro pitó, me subí y volví a saltar para afuera”.

Roberto, la radio y un vínculo muy especial

“Cuando era pibe vivía pegado a la radio. Uno de los días más felices de mi niñez fue cuando mis padres me regalaron una radio transistor, enorme, que me la llevaba a la cama. Los fines de semana, cuando todavía no tenía edad para ir solo a la cancha, ya tenía todo previsto. Sábado a la noche boxeo, domingo a la mañana el Turismo de Carretera y por la tarde las transmisiones de fútbol de Fioravanti, Marino y Veiga”.

“Actualmente a la noche antes de dormir tengo que escuchar un poco de radio. Es algo que mantengo de muchos años, incluso durante el tiempo que trabajé en LV4 y salía a la 1 de la mañana, llegaba a casa y sino escuchaba un poquito de radio no me dormía”.

La última pregunta, poniéndole punto final a un diálogo maravilloso.

¿Le quedó algo pendiente, algún desafío, una meta?

“No, porque no hay que ser pedigüeño con la vida. Mientras estén bien esas cosas que realmente valen, que vos no las compras en ningún lado por más plata que tengas, esta todo fenómeno. Igual me has hecho pensar porque no lo había planteado eso de cosas pendientes”.

En los años 80 tuvo la oportunidad de empezar lo que se llamaba una carrera radial que para los del interior comenzaba en una radio importante. Un día recibió un llamado de LU33 Radio pampeana, a ellos los había contactado un amigo de LU5 Radio Neuquén (en ese tiempo trampolín para llegar a la radios de Buenos Aires). Ante la salida de Héctor Caldiero (años más tarde relataría la campaña de Boca en radio Mitre) le propusieron ser relator de esa prestigiosa emisora.

Tras el llamado de Ramos Paz, Interventor de la radio neuquina, recibió dos pasajes por Austral.

“En esos días que pasaron desde el llamado, un día salgo de mi casa y miro el árbol que está a la entrada y dije de acá no me puedo ir. No tengo una explicación solo cuento lo que sucedió. Mandé los pasajes de vuelta, agradecí y listo. No me quedó nada pendiente, siempre estuve en los lugares que quise estar, no me deslumbró otra cosa. Amo este lugar, las calles, mi barrio”.

Sus últimos relatos, entre fútbol y boxeo fueron en 2017 coronando una trayectoria de 40 años.

Sin embargo sigue ligado al fútbol, yendo a la cancha aunque sea como espectador.

“Es muy lindo ir a la cancha, lo disfruto mucho sobre todo porque durante cuarenta años hiciste algo que te gustaba mucho pero dejaste de hacer algo que también te gustaba”.

Para aquellos que crecimos escuchando la radio, la voz de Roberto Bravo (con ese grito de gol tan particular, estirando la ele, por ejemplo) marcó una época.

Humilde homenaje y merecido reconocimiento para un gran profesional.

 

 

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