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Cuando dentro del cajón llevan un campeonato

De Ghana conocemos poco y nada. De repente, el país del oeste africano, volvió a quedar en la vidriera gracias a sus Dancing Pallbearers, ese grupo de animadores de velorios, carne de memes, que juguetean con los féretros como parte de un viejo ritual de entretenimiento.

Llenos de oro durante muchísimos años, los ghaneses se vieron conquistados por portugueses, franceses, holandeses, españoles, daneses y suecos, hasta quedar bajo el paraguas de los ingleses, de quienes se independizaron hasta hacerse República en una larga transición que fue desde 1957 a 1960. Tal vez gracias a ellos, los británicos, se les pegó el fútbol, su deporte de cabecera. ¿Oyeron hablar de las Estrellas Negras? Si bien Ghana ya participó de tres Copas del Mundo (2006, 2010 cuando fue eliminado por Uruguay con el penal a lo Panenka del Loco Abreu, y 2014), y fue tres veces campeón del Continente Negro, lo mejor fue evidenciado en juveniles, donde ganó dos Mundiales Sub 17 y otro Sub 20. Incluso fue bronce olímpico en 1992. Y dentro de esa mezcolanza de jugadores de exportación que empobrecen el mercado local, incluso la Argentina tuvo a un representante.

En 1997, apareció sorpresivamente en Unión de Santa Fe, un tal Nii Odartey Lamptey, de actuales 45 años y actual director de la Glow Lamp Soccer Academy. Si bien en el Tatengue apenas jugó seis partidos sin pena ni gloria a pesar de haber sido Balón de Oro con su selección en el Mundial Sub 17 1991, su prontuario fue más que interesante. Adentro y afuera de la cancha. Con un puñado de primaveras, y con el guiño de Pelé, quien lo declaró su sucesor, se lo llevó -saliendo del país de contrabando- el Anderlecht belga donde debutó con 15 años. Fue un gran premio tras una infancia espantosa: fue abusado por sus dos padres, no sabía leer ni escribir, era humillado durmiendo bajo un auto o siendo blanco de cigarrillos encendidos. Tal malambo tenía en su cabeza que, para poder jugar y descargar, cambió de religión: de cristiano a musulmán… Después yiró por el mundo: PSV, Aston Vila, Coventry, Venezia, hasta que cayó en nuestro país. Y la vida tampoco le sonrió: su hijo Diego (por Maradona, claro) nació prematuro y con problemas respiratorios, lo que obligó un viaje a Buenos Aires y una larga agonía de cuatro meses hasta su fallecimiento. El viaje sin sentido siguió por ignotos clubes de Turquía, Alemania, China y Emiratos Arabes, donde volvió a su país, colgó los botines, se metió de comentarista en TV, fue ayudante técnico, trabajó su campo, y rehízo su vida con una modelo y actriz local, Ruweida Yakubu.

Ver en la actualidad un Lamptey en el fútbol ghanés, hoy por hoy, suena a milagro. Tampoco un Abedi Pelé, Asamoah Gyan, John Paintsil, Sulley Muntari o John Mensah. El torneo casi no existe. Si por estos pagos, y por buena parte del mundo, nos hacemos problema por la falta de acción gracias al bendito coronavirus, lo que sucede en Ghana pareciera batir todos los récords de mala suerte. Al punto de suponer, con un largo dejo de acidez e ironía, que lo que los Dancing Pallbearers llevan en el cajón es el campeonato local… ¿Los motivos? Un mix de corrupción y pandemia.

En junio del 2018, un documental llamado Número 12 (Cuando la avaricia y la corrupción se convierten en la norma), bancado por la BBC, denunció a pura evidencia y cámaras ocultas que 77 árbitros y 14 dirigentes de la Federación, arreglaron partidos. Tan alevoso fue el asunto que la FIFA y el Gobierno tuvieron, a la fuerza, que frenar la actividad hasta regularizar las cosas.

Pero la misión fue casi imposible. Sin fútbol (y sin sponsors), los jugadores dieron las hurras y la pelota no corrió más. Meses más tarde, ya en 2019 y con reemplazo de autoridades, se buscó una salida a los ponchazos organizando un petit torneo amistoso que le permitiese respirar a las tesorerías y a los protagonistas. Aunque fue boicoteado por la gente. Los clubes debieron mal vender a sus joyas a Europa y todo continuó ensuciándose con el asesinato de uno de los hacedores del documental de la muerte. Hasta que la empresa de TV Startimes repartió dólares entre los clubes (5.250.000 dólares por cinco años) y apareció Nasco, una casa de artículos electrónicos, que regaló un celular y una afeitadora a la figura de cada partido para levantar el tamaño de la apuesta. Así las cosas, el 29 de diciembre de 2019, después de ¡570 días sin fútbol oficial!, volvió a rodar la pelota. Aquel domingo, Aduana Stars (campeón 2010 y 2017) goleó 4-0 al Inter Allies con tres goles de Yahaya Mohammed (lleva 11 en la accidentado temporada) y se hizo cargo de la punta, un liderazgo (28 unidades) que se congeló el 15 de marzo, después de 15 jornadas, cuando la pandemia le volvió a decir basta al fútbol ghanés. Y le dijo “hola” a los problemas, los mismas habas que se cuecen en la Argentina.

La curva de la pandemia por ahora viene bien pero la vuelta del fútbol es una incógnita. Al menos, y por suerte, los Dancing Pallbearers tienen poco trabajo…

 

Fuente: Diario Olé