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Alma de dirigente

El fútbol es una de sus grandes pasiones sin embargo el básquetbol lo puede y en este deporte ha trazado un camino tan extenso como exitoso.

El protagonista de la nota es Roberto Sergio Farré que con 64 años de edad en la espalda, actual vicepresidente de la Asociación Sanrafaelina de básquetbol, sigue aportando su experiencia.

“Empecé jugando al fútbol, en Deportivo Argentino, luego pasé por San Luis y Las Malvinas hasta que me lesioné y no jugué más”, recuerda.

A partir de los 15 años también comenzó a jugar al básquet donde vistió las camisetas de la Academia, Pedal, Huracán y Legionarios.

Una rotura de menisco con posterior intervención quirúrgica y una recuperación que no fue del todo exitosa fueron claves a la hora de su adiós a la práctica deportiva.

“Un día se acercó al negocio Don Guiu, que en ese entonces era dirigente de Pedal, a pedirme si podía ir a la asociación como consejero. Yo tenía 24 años, soy pedalino (sobre todo por mi familia) por lo tanto acepté y ahí comencé a participar de las reuniones de la Asociación Sanrafaelina de básquet”.

Árbitro

“Alguna vez cuando faltaron los árbitros en partidos de divisiones inferiores me tocó agarrar el silbato y dirigir. Lo hice en ese momento porque no quedaba otra pero la verdad no es lo mío”, aclaró.

Entrenador

“Tuve la oportunidad de dirigir las divisiones inferiores de Pedal junto a Juan Carlos Ostuni. Además colaboré con el Marota en el equipo de primera. Recuerdo que una vez me tocó dirigirlo en un torneo y perdimos la final contra Deportivo Argentino”.

Dirigente

“Al principio me costó mucho, quizás porque era joven, en la asociación había dirigentes de peso como Galeno y Prado entre otros, y no me gustaba tanto esa función. Pero una vez cuando el básquet de Pedal andaba casi a la deriva me hice cargo de la situación, junto a un grupo reducido de jugadores empecé a buscar camisetas y armamos la cancha que solo tenía las jirafas peladas. Eso me marcó”.

En cuanto a las satisfacciones y los grandes momentos vividos dentro del básquetbol, comentó.

“Sin dudas que haber podido trabajar en el Campeonato Argentino de básquet (en 1984 donde San Rafael fue subsede) fue muy lindo porque además nos hicieron sentir importantes, trabajamos muy bien y logramos muchas cosas. Eso también me marcó, creo que después de ese evento no paré más (risas)” y agregó “Trabajar en la organización de torneos sobre todo de divisiones inferiores ha sido y es muy reconfortante. En algún momento conseguimos que todos los clubes tuvieran cinco y seis divisiones completas. Con Pedal me acuerdo que fuimos los primeros en asistir a un Encuentro Nacional de mini básquet”.

También, durante la charla, Roberto recordó esos momentos no tan gratos que le tocó vivir.

“Lamentablemente tuvimos épocas de crisis donde desaparecieron El Porvenir, Pedal, Ateneo y Legionarios, algunos con el tiempo pudieron volver pero otros no. Y otra cosa que no ha sido buena, al menos en el básquet, es la falta de dirigentes. Muchos jugadores dejan de jugar y no se arriman, quizás colaboran y es bueno pero necesitamos algo más. Hay que seguir trabajando para generar dirigentes, tarea que no es sencilla pero lo seguimos intentando”.

En la parte final de la charla, Farré con la humildad y la sinceridad que lo caracterizan, confesó.

“El fútbol me gusta para despuntar el vicio, incluso actualmente (en realidad antes de la cuarentena) nos juntábamos a jugar con amigos. Considero que sé más de fútbol que de básquet. Pero el básquet es algo especial para mí porque como dirigente termino haciendo cosas que seguramente para mí no las haría, por ejemplo, pedir algún tipo de apoyo o vender un producto. Por el básquet dejé un montón de cosas, en un muchos momentos hasta la familia”.

Con 15 años de edad fue planillero en los partidos de primera división y con apenas 24 comencé a ser dirigente dentro de la asociación, hechos que marcan una persona a la cual le encantan los desafíos.

La responsabilidad es su mayor virtud y la buena relación con todos (jugadores, árbitros, dirigentes) lo convierten en un dirigente de esos que ya no hay, uno, con todas las letras.