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Mundial 86: aquella proeza de Marruecos

Faltaban tres minutos para el final y Alemania tenía la oportunidad para torcer la historia de un partido que venía bravo frente a Marruecos. Esos sorprendentes africanos que le jugaron de igual a igual a los finalistas de España 82. Ese tiro libre de Lothar Matthaus fue el 1-0 de los teutones y Badou Ezaki —ese arquero marroquí que Helenio Herrera lo catalogó como el “mejor del mundo”— se arrodilló en el césped del estadio Universitario de Monterrey y comprobó que la aventura se terminaba.

Un ignoto Aziz Bouderbala fue  una de las grandes apariciones de la primera rueda. Tanta fue la repercusión de sus actuaciones que el Milan italiano envió un observador para que lo siguiera.

Tenía 25 años. Era flaquito con el número 8  en la espalda y que tuvo su instante de gloria: se adueñó de la pelota ante los polacos en el debut y a los ingleses, que solo atinaron a mirarlo. Estaban  asombrados. La garantía de cero en el arco propio fue obra del implacable Ezaki.

Y llegó el día más glorioso del fútbol marroquí.

El equipo orientado por José Faría, un hombre de 52 años nacido en Río de Janeiro, se presentó el 11 de junio en el estadio Jalisco de Guadalajara y derrotó a Portugal por 3 a 1. Dos goles de Abdelrazak Khairí, uno de Merry Krimau le dieron el triunfo. Fútbol vistoso y audacia fueron los argumentos para ganar el grupo F. Al final del partido, Ezaki y Bouderbala se abrazaron, agarraron una bandera de su país y dieron una vuelta olímpica.

Los mexicanos aplaudían de pie al primer país del Norte de África en llegar a la segunda ronda de un Mundial y también en encabezar un grupo mundialista, al quedar por encima de Inglaterra, Polonia y Portugal…