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Una de las mayores hazañas del básquetbol argentino

Un 13 de julio de 1986, la selección argentina de básquetbol vencía al posterior campeón del mundo en un épico partido que quedará en la historia mundial.

Con el inicio de la Generación Dorada, el básquet argentino se hizo escuchar en muchos ambientes del deporte, empezó a ser tapa de los medios, y a protagonizar grandes hazañas. Sin embargo, eso no obstruye un recuerdo muy especial, del que hoy se cumplen 34 años: la victoria sobre Estados Unidos en la ciudad de Oviedo, en el Mundial de 1986.

Argentina superó la fase de grupos en Tenerife con altibajos. Victorias ante Holanda en el debut, Malasia y Nueva Zelanda y derrotas ante Canadá y Yugoslavia mostraban al equipo dirigido por el boricua Flor Meléndez con pocas chances en el arranque de la segunda fase en el Palacio de los Deportes de Oviedo, ante Estados Unidos.

Pero la ilusión es lo último que se pierde. Argentina terminó el primer tiempo arriba por 3 (37-34) y la emoción empezó a cerrar las gargantas de los pocos argentinos que seguían las instancias del partido. Un gigantesco Diego Maggi, un corajudo Sergio Aispurúa, la conducción impecable de Miguel Cortijo, el lanzamiento de Carlos Romano, la claridad y entrega de Esteban Camisassa, el interminable Luis Oroño, un recambio rendidor como Gabriel Milovich y Sebastián Uranga y las jóvenes promesas que ya asomaban hicieron el resto: Héctor Campana, Marcelo Milanesio, Hernán Montenegro y Fernando Borcel.

Por el lado de Estados Unidos eran todos universitarios, como se estilaba en esa época, pero que después serían varios grandes estrellas de la NBA: David Robinson, Sean Elliott, Kenny Smith, Brian Shaw, Derrick McKey, Charles Smith, Tyrone Bogues, Rony Seikaly, Steve Kerr, Tom Hammonds, Armon Gilliam y Tommy Amaker, bajo la dirección técnica del legendario Lute Olson.

El control del segundo tiempo fue siempre del conjunto argentino, que aguantaba las embestidas norteamericanas y seguía maltratando la zona pintada con Maggi (que salió después por 5 faltas personales) y controlando el juego desde la base con Cortijo y Romano.

Un par de bombas de Steve Kerr complicaron el marcador sobre el cierre, pero entre las imágenes que no se borrarán fácilmente de las retinas quedarán los insultos al aro del Vasco Aispurúa en los libres que sellaron el marcador favorable a Argentina y el abrazo final de todos los jóvenes en el banco de suplentes.

Cada cual lo vivió como pudo, por la radio, por la tele, pero seguramente a más de uno se le escapó una lágrima de emoción al ver el 74-70 final que comenzaba a marcar una historia donde Estados Unidos dejaba de ser el cuco para pasar a ser doce hombres que no eran imposibles de vencer.