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Tarde pero seguro: el regalo para la selección de Camerún

Italia 90 fue quizás el Mundial peor jugado y quizás el más recordado: la canción más linda, el fútbol más horrendo, el tobillo del Diego, los insultos del Diego, el llanto del Diego, el bidón de Branco, Goyco y los penales, el Cani y su gol para toda la vida, Sensini y aquella barrida, Codesal, Brehme y su precisión, Matthäus y la Copa. Pero ése fue el Mundial, también, de una de las mayores sorpresas en la historia del fútbol: la derrota en el debut ante Camerún, en Milán, con el Cani en el banco (entró, pero no pudo meter el 1-1) y con Carlos Saúl en el palco (nos metió un 1-1 que aún seguimos pagando).

El caso es que, como se sabe, Camerún no sólo nos embromó a nosotros, un rejuntado discreto, austero, amarrete, que dejaba todo y se desarmaba a cada paso, pero avanzó hasta la final: aquella selección africana -camiseta verde, pantalones rojos, medias amarillas- iba al frente a lo loco y se cargó a los rumanos de Hagi, Lacatus y Popescu, a los colombianos de Higuita, Valderrama y Rincón, y en cuartos de final, nada menos, casi les joden la vida a los pálidos ingleses del bueno de Lineker, del malo de Gascoigne y del rencoroso de Shilton. Pero hasta ahí llegaron: un penal marcado por Codesal (Codesal y penal, ¿te suena?) faltando siete minutos puso a Inglaterra en partido (perdía 2-1) y, ya en el alargue, con otro penal, Lineker clavó el 3-2 para que Camerún se despidiera de ese Mundial a lo grande, con ovación, incluso con una especie de vuelta olímpica en aquel estadio San Paolo, donde días después -Cani y Goyco mediante- daríamos el golpe ante Italia.

Es cierto, Camerún hizo historia en Italia 90 pegando algunas patadas de Mortal Kombat, pero, así y todo, lo hizo con armas mucho más nobles que las nuestras, que debimos recurrir al agua con Rohypnol ante los brasileños.

El tema es que, ahora, aquellos jugadores que conocimos a través de las figuritas vuelven a ser noticia: en su país, les llegó la hora del reconocimiento. Claro, esto es a muy poco de aquel Mundial, apenas 30 años…

El caso es que, al volver de ese Italia 90 inolvidable, fueron recibidos como héroes en Yaundé, capital de Camerún, y el presidente de entonces, Paul Biya, entusiasmado, embalado, excitado, les prometió una casa a cada integrante del plantel. Al parecer, los jugadores sumaron a la lista de beneficiarios a cuerpo técnico, masajistas, ayudantes, y la lista se estiró a 44 personas. En ese entonces, el Gobierno respondió que analizaría los casos y los gastos. ¿Qué pasó? Todo quedó en la nada. Makanaky se fue a España, comprado por el Málaga (anduvo muy mal y son tan recordadas sus andanzas fuera de la cancha que en esa ciudad los jóvenes empezaron a llamar Makanaky a los porros); el gran Roger Milla siguió con sus bailecitos y viajó al Mundial de ÉE.UU. 94 con 42 pirulos (le hizo un gol a Rusia); el arquero Thomas N’Kono también fue al Mundial de EE.UU. 94 y se retiró en el Bolívar en 2001; y Omam-Biyik, el que nos embocó, pasó por el Marsella, anduvo por el América de México, jugó en la Sampdoria y se retiró en Francia en el 2000.

Pero, ahora, cuando se cumplieron 30 años de Italia 90, al ex defensor Bertin Ebwellé, integrante de ese plantel, se le ocurrió enviarle una carta al Gobierno, recordándole aquella promesa incumplida. El texto llegó al presidente actual, que no es otro que el mismo que estaba en los 90, sí, Paul Biya, y el mandatario, según publicó La Gazzetta dello Sport, aseguró que se hará cargo del asunto y cumplirá la promesa, 30 añitos después.

“Le escribí al presidente el 8 de junio, con motivo del 30 aniversario de la famosa victoria ante Argentina -contó Bertin Ebwellé-. Y me llamó Roger Milla (hoy embajador del deporte camerunés) para informarme de esta gran noticia. Desde ya estamos muy agradecidos”.

Por desgracia, hay tres jugadores que no podrán ser testigos de este reconocimiento, ya que fallecieron en estos años: se trata de Louis M’Fedé (volante que fue titular ante nosotros y falleció de una afección pulmonar en 2013 a los 52 años), Benjamin Massing (defensor que le metió una brutal patada a Cani y falleció en 2017 a los 55 años a causa de un infarto cerebral) y el capitán Stephan Tataw (murió el último 2 de agosto, a los 57 años y hasta el Diego lo despidió en sus redes).

Se dice que veinte años no es nada; pero 30 ya parecen demasiado.