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El gran “Jota” Rodríguez

El protagonista de esta historia, que tiene ribetes muy especiales y particulares, es José Luis Rodríguez. En realidad todo el mundo lo conoce por su apodo Jota, obra de Eduardo Roldán que lo “bautizó” de esa manera cuando era pequeño.
“Hoy en día ese apodo es parte de mí, hasta mi familia me dice así, salvo mi esposa cuando se enoja que me llama por mi nombre”.
Hace muchos años el papá de José Luis tomó la concesión de la cantina del San Rafael Tenis Club junto a Luis Martínez (en ese momento canchero del club) su tío materno.
En aquella época la institución de calle Sobremonte tenía solamente cuatro canchas de tenis (la cinco y la calle Vicente López y Planes no existían), el salón donde actualmente se practica gimnasia funcional, se ingresaba por un costado (en referencia al ingreso de hoy) y la segunda puerta era la entrada a la cocina donde había una barra. En un momento alguien la cortó y un pedazo se encuentra actualmente arriba en el gimnasio.

Sus padres, José Sebastián Rodríguez y Ester Parejas trabajaban intensamente en ese lugar por eso ubicaban el moisés de su bebé a un costado para evitar accidentes y a veces algunos socios (los más jóvenes) lo llevaban el parque para que se distrajera un poco.
“Mi primer recuerdo de estar en el Tenis Club, por fotos, es cuando tenía dos años, en la cocina con mis padres”, recuerda.
Atrás del patio de la cocina había algunas casas y en una de ellas vivía la familia Rodríguez.

Cuando comenzó a construirse la quinta cancha de tenis ese fue un circuito de bici para Jota y otros niños mientras que la calle Vicente López y planes fue una cancha de futbol improvisada.
Pingo pong, patín, patineta, fútbol, subir árboles en el parque Hipólito Yrigoyen, en realidad ese grupo de chicos practicó cuanto deporte aparecía.
“Tuve una niñez impresionante, muy rica en actividades motrices donde disfrutaba de jugar a todo”, afirmó.

Fue a la escuela Villa Frida pero en cuarto grado sus padres lo cambiaron a la escuela República Árabe Siria.
“Salía de mi casa, cruzaba la cancha 3 y 4, caminaba cuadra y media y llegaba”. Recordó.
Con seis años de edad comenzó a jugar al tenis de la mano de su profesor Rubén Héctor Quiroga.
Años después, integrando el equipo de competencia, su entrenador fue Eduardo “Coneja” Roldán una persona muy especial e importante en su vida.

“Yo jugaba a un nivel de ir y pasar la pelota, nunca me consideré un buen jugador”, subrayó.
Durante el verano se levantaba temprano (a veces el ruido del frontón era el anuncio del nuevo día) y fue ahí cuando fue adquiriendo el don del esfuerzo y del sacrificio, valores que sus padres le transmitieron en la cocina.

Su primer oficio fue cantinero con apenas 5 o 6 años. Y a los 8 ya deshuesaba pollos. “No soy cocinero pero conozco y sé las labores de la cocina. En algún momento tuve que ponerme el traje, agarrar la bandeja y ayudar de mozo y lo hice sin problemas”.

Además aprendió muchas cosas relacionadas con las canchas de tenis que le enseño su tío Luis (con esa figura tan particular del cigarro armado en la comisura de la boca): manejar el hierro, la niveladora, a tirar polvo de ladrillo, etc.
En un determinado momento la familia se trasladó a Deportivo Argentino (tomaron la concesión de la cantidad de ese club) y si bien siguió practicando tenis comenzó a jugar al fútbol.

De regreso al Tenis Club, Jota ya tenía 15 años, y ese fue un momento clave en su vida porque el tenis que era un pasatiempo pasó a ocupar otro lugar.
El “Coneja” Roldán estaba lesionado entonces le pidió que empezara a pelotear a sus alumnos mientras él los corregía, esos fueron sus primeros pasos como profe de tenis.

“Un profesor necesita tener un mentor, alguien que lo conduzca, en ese sentido el Coneja significa mucho para mí, casi que fui su hijo”, confesó.
Por diversos motivos, sobre todo económicos tuvo que dejar de estudiar y comenzar a trabajar.
“Mi papá se fue  a trabajar a Malargüe y en casa se necesitaba más entrada de comida o de laburo que de estudio “.
Por lo tanto el periplo del Jota continuó en un par de aserraderos donde trabajó durante un año y medio.

La economía mejoró, pudo finalizar sus estudios secundarios  (Roldán lo anotó para que terminara de estudiar) y entonces dejó las clases de tenis para irse a Mendoza y afrontar el profesorado de Educación Física.
Por esas cosas de la vida y del destino no pudo seguir la carrera y regresó a su tierra natal donde nuevamente el tenis lo estaba esperando. Otra vez de la mano del Coneja esta vez en el Rancho de Tenis. Fue ahí donde comenzó su carrera como profesor de tenis.

El adolescente se convirtió en hombre, se casó con Judit y nuevamente abrió un paréntesis en el tenis para trabajar en una bodega.
También fue recepcionista en un hotel durante cinco años. Al mediodía seguía con las clases de tenis pero se fueron agregando chicos y tras seis años se dio cuenta que no era feliz en el hotel.

Transcurría el año 1995, momento en el cual José Luis acordó su llegada al club.

De regreso a casa

“Yo cada vez que vuelvo al Tenis Club es especial, es la casa paterna. Puedo entrar con los ojos cerrados  porque sé por dónde voy. Son tantos los recuerdos. Cuando veo el mostrador arriba yo veo a mi mamá, que falleció hace unos años pero yo la veo ahí”, puntualizó con la voz un tanto quebrada y los ojos llenos de lágrimas.

Además expresó: “Voy al club y no me doy cuenta que estoy ahí, se me pasan las horas y a veces recuerdo que tengo mi otra casa con mi familia (compuesta por Judit y sus hijos Martín y Rocío), lo más lindo del mundo, y entonces termino mis cosas y me voy”.
Uno de los grandes placeres que tiene como profesor es no haber jugado a gran nivel y haber logrado que sus alumnos hayan jugado contra alumnos de personas que se destacaron a nivel internacional.

El Mago y Jota

En un torneo en Rosario, en una cancha jugaba Rodrigo Gómez y en otra Yasín Sama, ambos estaban enfrentando a alumnos de Guillermo Coria que al igual que José Luis estaba ahí colaborando con sus tenistas.
“Mi objetivo es prepararlos para que jueguen no solo a nivel competitivo sino simplemente para que sepan, o que por lo menos se acuerden que cuando pasaron una etapa fueron felices”.

Durante la charla Jota dejó una frase bastante interesante que refleja su pasión por lo que hace.
“Me siento más profesor con el que nunca logró nada que con los que ganan.  Porque el que gana tiene la motivación de venir porque está ganando, es fácil; pero el que nunca gana y sigue viniendo, ese valora mi trabajo, le da placer y eso me reconforta”.

Un mimo para el alma

Al igual que varios profesores de todo el país, Rodríguez integró el programa Tenis Federal donde se testearon chicos de toda la región.
Merced a su gestión el programa a cargo del ex tenista profesional Martín Vasallo Argüello junto al preparador físico Claudio Gastaldi y el Licenciado en biomecánica, Cristian Elseser, llegó a San Rafael.

Tras cinco años de recorrer el país, Vasallo Argüello decidió contar su experiencia en un libro llamado “Del juego a la profesión” y un capítulo está dedicado exclusivamente al profesor sanrafaelino.
“Primero pensé que solo me había nombrado y ya era mucho pero cuando me di cuenta que me había dedicado un capítulo de tres hojas no lo podía creer, es un gran halago”.

La última pregunta fue la que seguramente todos imaginaron, obvia, pero era imposible no hacerla.

¿Qué lugar ocupa el tenis en tu vida?

Antes de responder tomó aire profundamente.
“Fue con lo que crecí, con lo que mi niñez se nutrió en parte. Me hace acordar a mi mamá, de mucha gente y amigos. De disfrutar con mi papá (volvió a emocionarse). Haber disfrutado el vivir e ir conociendo un mundo (Mendoza, el resto del territorio argentino como así también países de Sudamérica). Le ha dado a mi familia un sustento de vida”.

El camino transitado durante 52 años ha tenido vaivenes, otros trabajos, pero nunca cerró la puerta del tenis y siempre este deporte marcó su destino.
“Soy un tipo muy feliz cada vez que me tengo que levantar porque voy hacer lo que me gusta, y eso no tiene precio, genera muchas emociones y sentimientos que no se pueden explicar”.

El Jota Rodríguez es sinónimo de tenis pero sobre todo del Tenis Club, una persona que nació, creció y continúa su vida en una institución que sin lugar a dudas es y será siempre su casa.

 

Fotos: Quique de Benito