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Quiere retirarse con la V azulada

El protagonista de la historia es Guillermo Buenamigo, que tiene un sueño y pretende que se haga realidad.

Luego de entrenar algunas semanas con Don Villa, llegó a Cuadro Nacional para jugar en la novena división dirigida por Pablo Iranzo. Tanto en esa categoría como en octava, Guillermo era defensor (marcador central).

Su periplo continuó en Río Gallegos, ya que, sus padres por razones laborales se trasladaron al sur argentino. Acá quizás, se abriría el primer paréntesis porque se dedicó al fútbol de salón. Momento en el cual su entrenador (el rosarino Ruffini) lo probó como delantero.

La familia Buenamigo regresó a San Rafael y Guillermo con 14 años de edad vistió la camiseta del Sportivo Balloffet (lo llevó Héctor Esquivel). Seis meses en sexta división fueron determinantes para que “Davicho” Varas lo hiciera debutar en primera división (año 1995).

Posteriormente, junto a otros jóvenes (Sebastián Zúñiga, Flavio Cardozo y Marcos Carrizo) se fueron a probar suerte en Gimnasia y Esgrima La Plata.

Pero la travesía duró apenas una temporada porque luego muchos de ellos, quedaron libres.

“Tenía 16 años y quedé libre, eso me mató psicológicamente. Me acuerdo que llegué a mi casa y dije no quiero jugar más, estaba enojado con el fútbol”, recordó.

Por lo tanto, alejado de las canchas (poco más de un año) se dedicó a trabajar en una heladería.

Al tiempo lo invitaron (Jorge Rodríguez) para probarse en River pero no tuvo suerte.

“La verdad que fui sin ganas y mal anímicamente”.

Sin embargo al poco tiempo tuvo revancha ya que Rodríguez lo llamó para jugar en Acassuso (que en aquella época estaba en Primera D) donde tras dos años lograron el ascenso.

En 2001 entrenaba en Juventud Unida de San Luis (cuyo entrenador era Jorge Julio) pero una lesión en el hombro (se quebró la clavícula) lo privó de poder jugar en esa institución.

Pero se cruzó a la vereda de enfrente y se sumó a Estudiantes de San Luis donde en realidad jugó en la liga local por problemas con su pase.

Al año siguiente lo llamó Walter Belcastro para vestir los colores de Monte Comán, temporada 2002 donde el equipo albinegro se consagró campeón.

“Ahí comenzó la pubalgia y con eso la caída libre porque nunca más sentí fuerza en mis piernas”, destacó.

Durante su trayectoria Guille defendió los colores de Huracán, Deportivo Goudge, Rincón del Atuel y del Sportivo Balloffet.

“Lo más lindo que me dejó el fútbol son las amistades, las experiencias y la posibilidad de conocer otros lugares”, remarcó.

El año pasado integró el plantel de Monte Comán que mantuvo su lugar en la máxima divisional del fútbol sanrafaelino.

“Es duro y complicado decir no juego más. Por el momento prefiero decir doy un paso al costado”.

Algo pendiente

“Mi sueño es ponerme la camiseta de Cuadro Nacional, alguna vez, aunque sea cinco minutos. Después me retiro, lo prometo, no jodo más”, confesó.