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Un ángel la guía desde el cielo

La historia, que tiene a Renata Saponara como protagonista, comenzó hace varios años.

Su vida deportiva pasó del handball al hockey sobre césped, ya que, a la hora de decidir, eligió el palo y la bocha.

“Comencé de muy chiquita, jugando en el patio del colegio Maristas, junto a mis compañeras”, recordó.

Polifuncional

Si bien su lugar, dentro de la cancha, es por la derecha (marcando la punta o como volante); Renata se caracteriza por su polifuncionalidad ya que se adapta a otras posiciones.

“Este año Mariano (Rizzi- el entrenador) está rotando un poquito y entonces he tenido que jugar en otros puestos. La verdad me gusta y si le sirve al equipo, mejor”, aclaró.

Según sus entrenadores, una jugadora que sabe cuándo quitar la bocha y cuándo realizar un pase. Que maneja ese timing con mucha naturalidad.

Hace algunos días, luego de muchos meses por la pandemia, Maristas volvió a jugar un partido. Se vivió un momento muy especial ya que en septiembre falleció su papá Carlos, el popular “Chueco”.

“Fue muy complicado ese partido. Él estaba muy metido en la comisión junto a un grupo de gente que trabaja un montón para el club y para nosotras, siempre están pendientes”, confesó.

En cuanto a los objetivos pensando en la próxima temporada, destacó: “Hace dos años integré el equipo de quinta división que salió campeón del torneo de Mendoza. Ahora lo próximo sería conseguirlo con primera. Quedar entre los cuatro primeros sería lindo pero queremos ganar ese torneo”.

A la hora de hablar de sus sueños deportivos, dijo: “En realidad en ese sentido no tengo sueños personales sino más bien grupales”, virtud que se refleja en pocos deportistas.

Por último se refirió a Maristas, su club.

“Juego desde los 4 años, o sea que soy de Maristas de toda la vida. Es mi familia. Cuando voy madurando voy entendiendo mejor lo que me enseñaron, ese sentido de pertenencia y el amor por una camiseta. Además es imposible olvidar todo lo que hizo mi papá por el club, eso me emociona y lo tengo siempre presente”.

Con 20 años de edad, Renata forma parte de la nueva generación “verdiblanca”. Una jugadora con mucho potencial y que tiene un ángel que la guía desde el cielo.