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El equipo que ganó el PRODE

Fue uno de los goles más gritados en la historia de Racing de Córdoba. De parte de los hinchas quizás no tanto, pero seguramente de los futbolistas, cuerpo técnico y demás integrantes del plantel, casi seguro. En la noche del domingo 6 de mayo de 1984, en cancha de Instituto venció sobre la hora 2-1 a Ferro Carril Oeste, uno de los mejores equipos del fútbol local en el partido televisado que cerraba la fecha. El festejo final fue alborozado, desbordante, a contramano de tratarse solo de la sexta fecha. Ninguno de los que miraban el partido por TV podía entender el motivo, que solo ellos sabían. Con ese resultado, habían acertado los 13 puntos y eran los ganadores del PRODE.

La jugada anterior había quedado vacante y se produjo un pozo récord. Instaurado en febrero de 1972, fue un juego de inmensa masividad en sus inicios, que fue perdiendo algunos adeptos, pero que 12 años más tarde se mantenía entre las preferencias de la sociedad. Sobre todo si el monto a cobrar superaba el millón de dólares.

Racing de Córdoba había irrumpido en el fútbol grande con la disputa de los torneos nacionales hacia fines de la década del ’70 y pisó fuerte en el certamen de 1980, donde fue subcampeón con Alfio Coco Basile como entrenador, en un equipo que daba gusto ver, con la solidez de Osvaldo Coloccini en defensa y la habilidad de la Araña Luis Amuchástegui en la delantera. Pero la figura más relevante era Roberto Gasparini. Un futbolista fino, talentoso, que sembraba de habilidad cada mata de césped. Además le pegaba de manera formidable a la pelota.

Iba a ser el hombre decisivo en aquella noche ante Ferro al convertir dos goles que entraron en la leyenda. Desde su querida Córdoba, así evoca esos momentos: “No solíamos jugar al PRODE, pero como había pozo vacante, tomamos la decisión. En el grupo se juntaba plata de las multas simbólicas por no pesarse o por llegar tarde. Nuestro técnico era Pedro Marchetta, todo un personaje, que al ver la situación nos dijo: “Con ese dinero, o vamos al casino y nos jugamos todo a una bola o hacemos una boleta de PRODE. La mayoría votó la segunda opción y ahí arrancó la historia”.

Para la confección de los famosos 13 casilleros, no solo estuvieron involucrados los futbolistas: “Todo el que pasaba por ahí se metía en el tema (risas). Cuerpo técnico, utileros, médicos, etc. Éramos exactamente 40. Un día, después de una práctica, nos sentamos en el vestuario de nuestra cancha y comenzamos: Partido 1 y se votaba por mayoría levantando la mano. Armamos una combinada con triples y dobles con el nombre de la esposa de Miguel Seronero, ya que los futbolistas no podíamos apostar”.

Pasó el sábado con buenos augurios, con los aciertos seguros de los partidos del ascenso, donde se habían colocados los triples. “La tarjeta de 13 partidos constaba de cuatro encuentros de la Primera B y los 9 de primera división. Ocho de ellos se disputaba el domingo a las cuatro de la tarde y nosotros a la noche contra Ferro, que llevaba el número 7 en la boleta. Al juntamos para merendar, nos dimos cuenta que teníamos doce aciertos. Era el momento de la charla previa del técnico y el propio Pedro Marchetta no sacó corriendo: “¿Qué charla técnica? Vamos para la cancha y ganemos”.

Había un acuerdo de no decirle nada a nadie, que todo quedara en el seno del plantel. Con esa aparente calma arribaron a la cancha de Instituto, sede del encuentro contra Ferro. Consultado por Enrique Macaya Márquez para la televisión, Gasparini mencionaba que al equipo le costaba un poco jugar de visitante y reconocía entre sus propias falencias el cabezazo y la movilidad. Catalogaba a Ferro como un adversario de cuidado y dejaba traslucir una enorme calma, a despecho de estar a 90 minutos de poder quedar en la historia.

El cuadro cordobés atravesaba un buen momento en el plano futbolístico, aunque esa noche tendría algunas bajas, como rememora quien también era el capitán: “Justo nos faltaron los dos centrales, que eran Pascual Noriega y Osvaldo Coloccini, pero salimos a jugar con la actitud de siempre y tuve la suerte de hacer uno de los mejores goles de mi vida”. Y coincidimos con Gasparini, al volver a observar la maniobra: Centro desde la izquierda de Oyola, que Cúper rechaza de cabeza hacia el centro, unos metros fuera del área. El Pato la paró con la derecha y en el mismo movimiento, se la pasó por sobre la cabeza a Fatanguzzi. Cuando caía, la empalmó de zurda, clavándola en el ángulo más lejano de Ferrero. La alegría duró poco más de 15 minutos, porque en una de las habituales jugadas de Ferro Carril Oeste llegó el empate, con un cabezazo de Héctor Cúper a la salida de un córner.

En una noche que se iba a ir poblando de leyendas y momentos poco usuales, el entretiempo no fue menos: “Al terminar el primer tiempo, cuando nos íbamos por túnel hacia los vestuarios, el árbitro Raúl Marsiglia me llamó para decirme que estaba expulsado. Es que desde que nos habían empatado, le protestaba todo, estaba en medio de un ataque de nervios porque se nos escapaba el PRODE (risas). Después me dijo que no, que podía seguir jugando. Camino a la cancha me lo encontré a Cúper, que era el capitán de Ferro y le dije que teníamos 12 puntos en el PRODE. El tipo me miró como diciendo ‘este está loco ¿De qué me está hablando?’ La cosa fue peor, porque ellos se pusieron más duros todavía en el segundo tiempo. En lugar de aflojar un poco nos querían ganar a muerte (risas)”.

El centro delantero de Racing era Humberto Bravo, histórico goleador de Talleres, que había quedado marcado para la gente del cuadro de Caballito, como lo recuerda Gasparini: “Él le había roto el invicto a Barisio de cantidad de minutos sin goles en contra en 1981 jugando para Talleres. Los muchachos de Ferro, conociendo nuestra situación, le recordaban eso y le decían que no lo iban a dejar ganar el PRODE. Lo volvieron loco (risas)”.

Viendo las imágenes se hacen realidad las palabras del Pato: un partido muy disputado, entre dos equipos que eran un contraste en sus formas de jugar, con el Beto Márcico complicando con su movilidad y talento a los dos marcadores centrales improvisados en esa noche por los locales. El reloj devoraba los nervios de los muchachos de Racing, hasta la histórica acción del minuto 85. El arquero Juan Manuel Ramos sacó largo, Ramírez la peinó para el puntero Oyola, que hizo la diagonal de izquierda al centro y cuando estaba por meterse en el área, fue derribado por Mario Gómez. Sin dudar, Gasparini la acomodó. Tomó carrera y le pegó a colocar, casi al ras del piso. El balón pegó justo en la línea del área chica y se elevó por sobre la cabeza de un desorientado Ferrero.

Sobre ese gol también se instauró el mito. Según Pedro Marchetta, “el canchero había hecho una zanja en la línea del área chica para los tiros libres y el Pato que era un fenómeno, le apuntó ahí”. Roberto Gasparini así lo recuerda: “Qué personaje Pedro. No fue tan así. Si es cierto que las marcaciones de las canchas no eran como ahora que están pintadas las líneas. En ese tiempo eran canaletas y aparte los arqueros raspaban para saber dónde estaban los postes. No estaban los cuidados de la actualidad, donde si rompés una cancha te echan. La verdad es que pateé y tuve la suerte que pegara justo ahí, se levantó y entró en el ángulo”.

Quedaba un ratito para sufrir y rezar que Ferro no arruinara la historia: “A partir de ahí aguantamos no sé de qué forma los cinco minutos que faltaban, porque Pedro, además, había tenido que hacer un par de cambios obligados. Por suerte pudimos terminar el partido con el 2-1 y celebrar que habíamos ganado el PRODE. El festejo parecía extraño por lo grande, pero solo nosotros sabíamos lo que había pasado. Incluso en el nota final de la televisión, Marchetta habla del equipo y nada dice de lo otro”.

El video muestra que el árbitro solo jugó 27 segundos más allá de los 90 para alivio de ese grupo que ya sentía millonario. Desbocados, eufóricos, los integrantes del plantel se abrazaban, sin saber lo que aún tendrían que vivir: “El Colorado Quiñones fue el primero en decir que habíamos ganado el PRODE y entonces el vestuario fue una locura. De ahí nos fuimos a comer una parrillada, donde había periodistas y curiosos. Obviamente festejamos a cuenta, porque el pozo era de 1.700.000 dólares”.

Se habían dado algunos resultados difíciles, hecho que los hacía soñar con que iban a ser los únicos ganadores: “De todos, hubo un partido que era muy difícil de acertar y que nosotros lo agarramos en la boleta: River recibiendo a Atlanta en el Monumental. Cuando arrancamos la votación en el vestuario, 39 levantamos la mano para local, como era la lógica. Saltó el profe Pedernera, el preparador físico y dijo: Empate. Lo silbaban, le gritaban. La boleta estaba terminada y quedaban por poner los dobles, nadie pensó en ese, y él seguía insistiendo con su pálpito. Fue la última cruz: River y empate. Y así fue, terminaron 1-1”.

La ilusión había durado demasiado poco. Tan poco como tardó en ventilarse la noticia ni bien el equipo cordobés ingresó victorioso al vestuario.

La única verdad es la realidad. Y esa llegó pocas horas más tarde… “Al mediodía del lunes se conoció la cifra y eran como 94 ó 96 los ganadores. Tocaban 17.000 dólares para cada uno, menos el 30% de impuestos, nos quedaban 12.000 que debimos dividir por 40 y nos quedaron 300 a cada uno. Con eso pagamos la parrillada y nos quedó para un postre en otro lado (risas)”.