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El peor error en la historia del Draft de la NBA

El Draft de la NBA es uno de los eventos más importantes que tiene la liga yanqui de básquet: esa noche, como sucedió hace unas semanas cuando Leandro Bolmaro fue elegido por los New York Knicks e inmediatamente traspasado a los Minnesota Timberwolves, las franquicias se reparten a las jóvenes estrellas. Una a una, desde las más flojas hasta las más grosas, va haciendo sus elecciones, que pueden marcar el inicio de una era dorada o convertirse en un fiasco del que se arrepientan toda la vida… Y si de pifias históricas hablamos ninguna le gana a la que se mandaron los Portland Trail Blazers en el Draft de 1984.

El 19 de junio, en el Madison Square Garden de la Gran Manzana, el pick número uno estaba cantado: Hakeem Olajuwon. El pivote nigeriano de 2,13 metros venía de romperla en la Universidad de Houston y en una época donde los grandotes dominaban la NBA, era codiciado por todos los equipos. Hasta los Chicago Bulls, terceros en el orden para elegir esa noche, estaban dispuestos a agarrarlo si es que, por esos milagros que suelen suceder en el Draft, Olajuwon no era elegido en los dos primeros puestos. Pero finalmente pasó lo obvio… Los Houston Rockets, que tenían la elección N° 1, optaron por Olajuwon, quien ganaría dos títulos con los texanos.

El segundo para elegir era Portland y opciones de calidad le sobraban: un tal Michael Jordan, Charles Barkley o John Stockton. Pero hete aquí que los Trail Blazers no le hicieron caso a uno de los mandamientos que tiene el Draft, elegir siempre al mejor jugador disponible, sino que fueron a cubrir una necesidad: su plantilla tenía un hueco en el puesto de pivote. Stu Inman, el general manager, y Jack Ramsay, el entrenador, querían a Olajuwon y casi lo consiguen… Resulta que el pick número 1 de ese draft se definió por ¡una moneda! Claro, tanto Houston como Portland (que había cambiado esa elección con Indiana Pacers) tenían derecho a elegir en primer lugar y se terminó definiendo por azar: se lanzó una moneda, a cara o seca, que terminó cayendo del lado de los Rockets (hasta ese Draft se usaba ese método para definir a quién se quedaba con el 1). Así las cosas y sin poder elegir al pivote nigeriano, los Trail Blazers fueron por su segunda opción en ese puesto: Samuel Paul Bowie, de 2,16 metros y figurita de la Universidad de Kentucky. Finalmente, en tercer lugar, los Bulls agarraron a Jordan y el resto es historia.

Nacido el 17 de marzo de 1961 en Lebanon, Pennsylvania, Sam tenía 23 años aquella noche de junio del 84, algo grandecito si se lo compara con las joyitas que actualmente son tomadas en el Draft: las primeras cinco elecciones del 2020 tienen 19 años… De padre basquetbolista (jugó en los Harlem Magicians, equipo similar a los Globettroters), desde muy chico se destacó con la pelota naranja. Cuando estaba en Lebanon High School, su escuela secundaria, la rompía, se hacía llamar “el chico del millón de dólares” y lo proyectaban como uno de los mejores pivotes de su generación. Por eso, le llovieron las becas para ir a la universidad y en 1979 se terminó inclinando por Kentucky. Su arranque la liga universitaria fue brillante: en su temporada de novato promedió 12,9 puntos, 8,1 rebotes y 2,1 tapones por partido… Tan bueno fue su nivel que en 1980 fue convocado por la selección de Estados Unidos pero debido al boicot yanqui a los Juegos Olímpicos de ese año en Moscú, no pudo participar del torneo y se tuvo que conformar con una gira de amistosos contra figuras de la NBA, donde mantuvo su buen nivel.

Sin embargo, lo bueno le duró poquito… Luego de la temporada 80-81, sufrió una fractura por estrés en la tibia izquierda. Encima la lesión no fue en un partido sino mientras practicaba unos tiros ¡durante una sesión de fotos! Se perdió dos años enteros y recién volvió a jugar en la 83-84 y aunque su equipo ganó el torneo universitario, sus números y su rendimiento habían bajado. Con dudas sobre su condición física, antes del Draft, médicos de Portland fueron a hacerle un chequeo: lo que más preocupaba era la tibia, ya que dudaban si había sanado de forma correcta. En la revisión previa a elegirlo, los doctores chequearon, y hasta golpearon, la pierna de Bowie y él, como reconoció en un documental, les dijo que no sentía nada aunque por dentro se estaba muriendo de dolor… De hecho, el hueso nunca soldó bien y aún en la actualidad le causa molestias.

La carrera como profesional de Sam no arrancó del todo mal (si no se lo compara con Jordan, que redondeó 28,2 puntos por partido), en la campaña 84-85 se bancó 76 encuentros, promedió 10 puntos por match, fue elegido en el equipo ideal de los rookies y Portland llegó hasta las semis de conferencia en los playoffs. Aunque esa sería una de sus pocas temporadas en las que estuvo sano. En los siguientes años sufrió una lesión tras otra: se volvió a quebrar la tibia izquierda cuando se le cayó un compañero arriba suyo y en el 86 se quebró la otra tibia en una lesión terrorífica (fue una fractura expuesta tras apoyar todo su peso sobre la pierna luego de un mal salto: le terminaron colocando diez clavos). Cansados de los problemas físicos, Portland lo terminó traspasando a los New Jersey Nets, donde estuvo hasta 1993 y aunque no rindió como se esperaba, no sufrió grandes lesiones.

Luego de dos temporadas en Los Ángeles Lakers, la 93-94 y la 94-95 (justo las dos que ganó Olajuwon con Houston), Bowie se retiró, bajó su perfil y pasó a dedicarse a su otra pasión: los caballos. Se mudó a Lexington, Kentucky, y empezó a criar equinos para carreras de trineos y le fue mejor que en la NBA. En 2007, uno de sus caballos, “Before He Cheats”, ganó más de 18 carreras y se llevó 300.000 dólares en premios…