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La Tregua de Navidad: el día que el fútbol detuvo la guerra

Día a día, mientras se alargan los enfrentamientos entre Rusia y Ucrania, se conoce una nueva suspensión para los deportistas ruso, que muchas veces sin comerla ni beberla están pagando las consecuencias del conflicto bélico.

Sin embargo, la historia ha demostrado que el deporte, lejos de ser una extensión de los conflictos políticos per se, puede resultar motivo de unión y esperanza. Eso fue lo que ocurrió en diciembre de 1914, en plena Primera Guerra Mundial, en un hecho que pasó a la inmortalidad como La Tregua de Navidad.

La Gran Guerra, primer conflicto bélico de escala mundial, había comenzado cinco meses antes. El fútbol, invento inglés de mediados del Siglo XIX, no gozaba de la difusión que tiene en estos días (el primer Mundial fue en 1930), pero sí tenía una enorme popularidad entre los aficionados y en aquella Navidad de 1914, al menos por una horas, la pelota le sacó el protagonismo a las armas y la muerte.

El hecho se produjo en territorio belga, que Alemania había invadido con el objetivo de llegar hasta París. Allí, las tropas británicas y francesas detuvieron el avance alemán con un saldo de incontables bajas y la guerra se estancó. En la noche del 24 de diciembre, del lado alemán comenzaron a adornar las trincheras con lo que tenían a mano y del lado inglés respondieron entonando villancicos. Y se produjo un inesperado alto el fuego.

Distintos documentos testifican que aquella noche la guerra se detuvo. Ingleses y alemanes cortaron con las hostilidades y celebraron juntos la Nochebuena: hubo intercambio de prisioneros, funerales conjuntos y hasta intercambio de regalos. Y en el medio, no se sabe bien desde qué bando, apareció una pelota de fútbol.

“Ellos hicieron su arco con unos sombreros extraños, mientras que nosotros hicimos lo mismo. No era sencillo jugar en un lugar congelado, pero eso no nos detuvo. Mantuvimos las reglas del juego a pesar de que el partido sólo duró una hora y no había árbitro”, escribió el teniente alemán Johannes Niemman en una carta.

Las imágenes son pocas pero elocuentes. Una cancha improvisada en un terreno congelado, donde horas atrás ambos bandos se mataban entre sí. Pero en este picado histórico primó el espíritu deportivo e incluso varios afirman que no fue un duelo violento.

El resultado final poco importó entonces y poco importa ahora, porque aquel 25 de diciembre lo que estaba en juego era otra cosa que no era la vida. Por unos instantes, la posibilidad de suspender la tristeza, el frío, el hambre y divertirse con una pelota.