Por: Pablo Delamarre
En el vasto universo del deporte, existen lugares donde la física cede el paso a la poesía en movimiento. Uno de esos templos es Stadium San Rafael, una institución que desde hace más de tres décadas se ha convertido en el faro de la gimnasia artística y de trampolín en el sur mendocino. Lo que hoy es un legado indiscutible, comenzó en 1992 como un sueño compartido por dos jóvenes entrenadores recién egresados del prestigioso CENARD de Buenos Aires: el sanrafaelino Pablo Delamarre y el bonaerense Marcio López. Unidos por una profunda amistad y el deseo de descentralizar el alto rendimiento, sembraron en San Rafael una semilla que transformaría el deporte regional para siempre.
Aquel inicio estuvo marcado por la mística y por una formación de excelencia. La escuela consolidó su ADN académico bajo la mentoría de grandes referentes de la gimnasia nacional como Miguel Palmeiro, Julio Grafo, Carlos Estarli y Gustavo Moure, entre otros. Esta base se enriqueció con el aporte de colaboradores expertos a nivel mundial de la escuela rusa, como Vladimir Makarian, Rosa Itzkova y Valery Liukin.
En su año de fundación, la escuela fue testigo y protagonista de un hito histórico: el desembarco del equipo olímpico ruso de 1992. Ante miles de ojos asombrados en el Polideportivo N°1, los flamantes gimnastas locales compartieron escenario con la élite mundial. Además, extendió sus lazos al mundo mediante intercambios con célebres academias danesas como Vejstrup Efterskole y la histórica Gymnastikhojskolen i Ollerup.
Un hito para Mendoza y gloria deportiva
El camino no ha sido sencillo. Mantener viva una escuela de formación federada durante 34 años en Argentina es una obra que se escribe «a pulmón». Stadium San Rafael ha surcado tempestades económicas sosteniéndose en un pilar inquebrantable: la comunidad. Familias y atletas se funden continuamente en el esfuerzo diario para solventar gastos, demostrando que la verdadera infraestructura de este club es el amor por la disciplina.
Ese esfuerzo ha tenido su recompensa en el podio. Desde su primer año de vida, la institución desató una revolución juvenil que no ha parado de cosechar títulos. Sus gimnastas han integrado la Selección Mendocina en las ramas femenina y masculina, coronando campeones provinciales y nacionales. Un capítulo fundamental en esta historia fue la introducción competitiva de la disciplina de trampolín. Con este paso, la provincia de Mendoza sumó una nueva modalidad gimnástica a su oferta deportiva, abriendo las puertas a un crecimiento integral sin precedentes en la región. Hoy, ese vuelo continúa con excelentes resultados, rozando con orgullo las puertas del alto rendimiento.
El arte de encender la llama
«Cada niño que pasa por aquí es un libro abierto que nos enseña matices diferentes», reflexionan desde la dirección de la escuela, por la que transitan cerca de 1.000 alumnos al año. La filosofía de Stadium San Rafael va más allá de la medalla; se enfoca en que el atleta profesa el disfrute de su proceso. En un deporte donde la técnica y la precisión milimétrica rozan lo imposible, el verdadero secreto radica en encender una llama interna. Aquí se enseña a abrazar la resiliencia para que los resultados lleguen como una consecuencia natural del amor al arte.
Mirando hacia atrás, en el arco temporal que une a 1992 con este 2026, el balance es de gratitud eterna. Para sus fundadores, la gimnasia no ha sido solo una profesión, sino el refugio más seguro en los momentos oscuros y el romance más largo de sus vidas. Es, en definitiva, una herramienta bendecida para moldear personas antes que atletas. Porque en Stadium San Rafael, la gimnasia no es solo un deporte; es, fundamentalmente, una escuela de vida.
Pablo Delamarre
Entrenador de Gimnasia de formación académica
Unos de los 7 egresados del Cenard en 1992

